A que suena bien? La idea es genial y si además uno encuentra un vuelo baratito, todo hace presagiar una gran nuit.

Lo que ya no sale tan baratito es el alojamiento. Y es que, primer aviso a travelistas: fin de año es en París temporada Pau Gasol (alta, alta), o sea, precios por las nubes y todo completo desde hace semanas. Así que reserva en cuanto antes.

Mis arrondissements favoritos para quedarse: III y IV (Le Marais, el barrio de moda), X (bien conectado, céntrico y algo más económico) y XVIII (J’aime Montmartre).

El día 31 por la tarde, tras ver a Sarkozy en la tele, lo mejor es cenar algo “ligero”, por ejemplo, una fondue que controle los efectos del champagne que vendrá luego.

Por mi parte, una vez cenado, me voy hacia el Trocadero con mis uvas del badulaque de al lado del hotel en una bolsita. El metro entre las 17h y las 12h del día 1 es gratuito. Segundo aviso: ni se te ocurra cogerlo! Está a tope y lleno de chonis excitadísimos al ver la marea de ingenuos que en cada nueva estación esperan en el anden poder subir a un tren en el que ya no cabe ni el tato (rollo japonés). Tras varias amenazas cargadas de sutileza francesa del conductor a los orcos del vagón y siguiendo su consejo, me bajo dos paradas antes y decido ir a pie hasta la Torre Eiffel. Parece que a estas horas la plaza del Trocadero ya es más inexpugnable que Mordor, así que mejor me voy hacia el Campo del Pelenor de Marte, donde hay mucho más espacio (y barro).

Faltan pocos minutos para medianoche. Tengo mis uvas preparadas (que no se han hecho vino en el metro) y mi botella de 37,5 cl de champán francés. Solamente entonces me doy cuenta de que no hay a la vista ningún reloj tipo Puerta del Sol y que además no avisan de cuándo son los cuartos. Como Ramón García no aparece volando en su capa para salvar la situación, no me queda más remedio que preguntarle al ruso delante de mi si me dejaría un minutito su iPhone para poner la radio española (cara del ruso *_*).

– Niet

Bueno, supongo que mi ladrimovil también me valdrá para esto. Así que hago cálculos y empiezo a comerme mis doce uvas parisinas con toda la tranquilité del mundo. Y a las doce en punto, mágicamente en sintonía con mi último “tragamiento” de uva, la Tour Eiffel comienza a hacer chiribitas y la gente estalla de alegría, salta, se abrazan, se besan y gritan aux cuatre vents: Bonne année!

La verdad es que el momento vale una misa la pena.

Luego algún que otro fuego artificial espontáneo, linternas de papel hacia el cielo, una copita de champán y poco más. Poco a poco la zona se va despejando y la policía reabre al público el Puente d`lena, me imagino que cortado para impedir que algún choni algo pasado termine en el Sena. Por fin puedo cruzar hasta el Trocadero para hacer la foto de rigor. Luego continúo mi paseo de año nuevo por medio de los Campos Elíseos (todavía cortados al tráfico) deseando bonné année a todo el mundo, hasta encontrar un puesto de Vélib, el servicio municipal de alquiler de bicicletas (hemos dicho que metro no) y que es la mejor manera para moverse por la ciudad y sentirse como un parisino -tercer consejo- antes de perderse en la nuit parisina…

Banda Sonora:

El souvenir del travelista: Email Diamant

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