Situado en el Vº distrito de París, a orillas del Sena y a escasos metros de la Catedral de Notre-Dame, este centro dedicado a la difusión de la cultura árabe no debe faltar en tu itinerario por la capital francesa.

La visita merece la pena, en primer lugar, por lo original de la arquitectura del edificio, obra del francés Jean Nouvel, diseñador de la Torre Agbar de Barcelona. Destaca especialmente la fachada de la parte sur, formada por una enorme celosía de vidrio. En cada ventana hay varias células fotoeléctricas dispuestas geométricamente que se abren cuando menos luz exterior reciben y viceversa, dando lugar a figuras que recuerdan a los motivos decorativos característicos de la arquitectura árabe y que en el interior del edificio crean un juego de luces y sombras muy original.

En la última planta hay una terraza con una bonita (y que vista de París no lo es?) panorámica, así que asegúrate de tener la cámara a mano. El acceso es gratuito, pero si te entran ganas de tomarte un “café olé” (me encanta pedir café en Francia) en el restaurante de la terraza tendrás que rascarte (y bien) el bolsillo.

Pero mi principal motivación para visitar el IMA era en realidad conocer el Mobile Art Pavilion de Zaha Hadid, una de mis arquitectas favoritas. Concebido para albergar obras de arte contemporáneo inspiradas en Chanel, el pabellón ha encontrado su emplazamiento definitivo en la explanada de entrada del IMA después de un tour mundial. Destaca por la originalidad de su diseño de formas ondulantes (hay quien se ha llegado a marear estando dentro) que se integra perfectamente en el entorno.

La visita guiada es un poco caótica pero resulta muy útil para comprender mejor todo el simbolismo de ambos edificios e incluye la entrada a la exposición en el Movil Art Pavilion. Cuesta 10€ y es solo en francés, pero hasta yo con mis oxidados conocimientos del idioma la pude seguir sin problemas.

Banda Sonora:

El souvenir del travelista: Macarons de Ladurée

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