¡Hola travelistas! Como sabréis aquellos de vosotros que seguís las aventuras del travelista en twitter, esta pasada Semana Santa me he ido a estrenar mi nuevo smartphone al Lago Constanza, en la frontera entre Alemania, Suiza y Austria. Para los que no tuvieron la oportunidad de seguir el viaje en tiempo real en twitter y para aquellos que lo quieran repasar, os traigo hoy la primera parte de mis impresiones sobre este imprescindible destino centroeuropeo.

Las aguas del Rin son la principal fuente de abastecimiento del Lago Constanza, que tiene una superficie de 536 Km2  (el tercero más grande de Europa central) y está situado casi a 400 metros de altitud. Tiene una profundidad media de 90m, llegando a alcanzar los 254m en las partes más profundas y  una longitud de 69Km entre sus dos puntos más separados. El Rin entra en el lago por el este, formando la frontera entre Alemania y Austria, y lo abandona por el oeste dando forma a la frontera entre Alemania y Suiza. Mi viaje se desarrollo durante tres días en coche por la orilla alemana del lago (la más amplia,) empezando por la bonita localidad de Lindau.

Lindau es una población situada en el extremo derecho del lago Constanza. Pertenece al estado de Baviera y consta de una parte terrestre y de otra en una isla en el lago a la que es posible llegar en tren. Si te desplazas en coche como era mi caso, lo mejor y más económico es dejarlo en el aparcamiento justo antes de cruzar el puente de acceso a la isla. En la isla hay otros parkings, pero suelen estar llenos de caravanas y son más caros. Puedes recorrer Lindau perfectamente a pie en una mañana. Nada más cruzar el puente te encuentras con la hermosa torre de la iglesia evangélica de San Stephan (foto). Sigue su pista para penetrar en las calles empedradas de la ciudad vieja de Lindau y llegar hasta la Plaza del Mercado, donde la policromada fachada de la casa barroca Haus zum Cavazzen (foto) llamará sin duda tu atención. En ella se encuentra desde 1929 el museo de la ciudad (actualmente con una interesante retrospectiva sobre Chagall). Desde aquí continua por la Maximilianstraße, la principal calle peatonal de la isla, llena de coloristas edificios de viviendas de los siglos XVI y XVII muy bien conservados  con cafés, restaurantes y tiendecitas de todo tipo en sus bajos (foto). Recórrela hasta el final, pasando a tu izquierda por la plaza del antiguo ayuntamiento de Lindau, un edificio originario de 1422 de estilo gótico-renacentista en cuya fachada están pintadas escenas que recrean la historia de la ciudad, para llegar a la estación de tren de estilo modernista y gira a tu izquierda para llegar hasta el puerto de la isla. Creerás haberte teletransportado de repente a una glamurosa localidad de la rivera francesa. Recorre el pequeño paseo donde se encuentran numerosos (y lujosos) hoteles y haz una pequeña pausa en alguna de las terracitas y disfruta de las románticas vistas al Lago Constanza.  Desde aquí parten numerosas embarcaciones de vapor que realizan pequeños cruceros por el lago (a este respecto no os puedo contar mucho más, pues Titanic me traumatizó tanto que no me suelo subir a un barco a no ser que sea estrictamente necesario). Aquí se encuentra también la Mangenturm, torre en la que antiguamente terminaba la muralla de la ciudad y que también realizaba funciones de faro e incluso de iglesia. Hoy en día la torre está habitada por la princesa Rapunzel, o por lo menos eso parece a juzgar por el interminable mechón de cabello que desciende desde una de las ventas de la torre. Y fíjate también en el bonito faro y en la escultura de mármol de seis metros de alto del león de Baviera que flanquea la entrada al puerto con la mirada hacia la orilla suiza. La postal más repetida de Lindau.

Banda Sonora: Wie Weit de Klee

El souvenir del travelista: Una botellita de Rosado Seeperle

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