Una cara parecida a ésta es la que se me quedó hace un par de días al darme cuenta tres minutos después de haber reservado un vuelo bueno, bonito y barato a Copenhague que en esas fechas no podía volar!!! Hay destinos con los que parece que uno tenga una especie de gafe y que una y otra vez se resisten. Esta es la crónica de mi último viaje interruptus.

Como buen travelista que soy estoy suscrito a cientos de miles de millones de newsletters con ofertas de viajes que a diario me petan el correo. Tambien a diario me pregunto si merece la pena seguir suscrito, pues muchos ya ni los leo y en la mayoría de las casos las prometidas ofertas finalmente no lo son tanto. El caso es que de vez en cuando sí que termina por aparecer la anhelada lady ganga, en este caso en forma de vuelo a Copenhague para el primer fin de semana de septiembre por 80€. Uy qué alegría qué alboroto! Hace meses que pienso en visitar la capital danesa, pero no consigo encontar ni el momento ni (sobre todo) el vuelo adecuados, y de pronto, sin avisar, ahí lo tengo, delante de mis narices, en la pantalla del portátil, a tan solo la cifra de mi tarjeta de crédito y un click de distancia. Por supuesto, la oferta es por tiempo limitado, así que rápidamente compruebo la disponibilidad en la página web del turoperador online de cuyo nombre no quiero acordarme. Available! Consulto también los mismos vuelos directamente en la página de la compañía aérea. Ummm…. son solo unos pocos euros de diferencia, pero me compensa reservar el vuelo con el tt.oo online. Last but not least reflexiono sobre las fechas y sobre los horarios. Salida a primera hora del viernes, vuelta a última hora del domingo. Eso significa que tendré que pedir el viernes libre en el trabajo, pero como para entonces ya habré acumulado el derecho a un par de días libres extra, no supone ningún problema. Alto! Pero puede ser que ese mismo fin de semana tenga que trabajar. Consulto el calendario laboral… libre! Es el finde anterior el que tengo ocupado. Pues nada, tan solo un click más y esos segundos eternos de sufriento en los que rezas para que al puñetero ADSL no le de por fallar justo ahora y ya está, Euphoriaaaaaa, el travelista se va a Dinamarca!

Ahora toca surfear un rato por la blogosfera en busca de consejillos prácticos para preparar el viaje y pensar en encontrar alojamiento. Recuerdo que un amigo me había hablado muy bien del Hotel Fox, que cuenta con 61 habitaciones, todas con una decoración diferente a cargo de 21 artistas internacionales. Él se alojó allí dos noches con su novía, con la que por cierto se casa ahora a principios de septiembre, y quedaron muy satisfechos….

Un escalofrío recorre mi espalda. Mi amigo se casa a principios de septiembre!!! Concretamente el primer fin de semana!!! Y yo acabo de reservar un vuelo para esa misma fecha!!! OH NO!

Abro mi correo elecrtrónico para comprobar que la confirmación de la reserva ya está ahí. Busco un teléfono de atención al cliente y agarro el móvil. Tras unos nada relajantes minutos musicales durante los cuales ha dado tiempo a que la voz enlatada de la prima de Darth Vader me recuerde hasta seis veces lo cara que me va a salir la llamadita, por fin me responde un empleado en prácticas.  Le explico mi caso intentanto no poner muy en evidencia mi estupidez y haciendo especial hincapié en que me encuentro en las primeras 24 horas tras haber realizado la reserva. El buen hombre parece aceptar mi argumento, pero me informa que solo me devolverán el importe de los impuestos y de las tasas aeroportuarias y que el trámite de la cancelación tiene un coste de 50€, por lo que finalmente con mucho gusto me reingresarán los 4,90€ restantes. Poker face.

¿Has llegado al aeropuerto y te has dado cuenta de que ese país requiere de un visado? ¿Ibas a hacer el Camino de Santiago y te torciste el tobillo bajando del autobús? ¿Te han detenido y denegado la entrada en EE.UU por que tu apellido coincide con el de un miembro de Al Qaeda? Coméntanos cual ha sido tu último viaje interruptus.

Foto: Andrew Martin

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